Diario Z | Alfredo Piro: “Siento que parí mi primer disco”.

El tiempo de los necios se acerca al rock, con canciones propias y producción de Richard Coleman.

Hijo de enormes ar­tistas –Osvaldo Piro y Susana Rinaldi–, el tanguero Alfre­do Piro va ya por su sexta pla­ca. Pero ésta se parece poco a las anteriores porque ahora Piro se acercó dicididamente al rock y al pop. “Durante muchísimos años, anclado con ambas pa­tas en el tango, tenía el prejui­cio que me provocaba el género: anacronismo de “¿a qué le escri­bo? ¿a las ligustrinas y madre­selvas?”, explica y sigue: “Has­ta que circustancialmente fuera del país me agarró un extraña­zo muy tanguero que, paradó­jicamente, me llevó a escribir. Sin guitarra, grababa las me­lodías en el celular, luego las transcribía y colocaba las síla­bas. Fue casi un ejercicio psi­coanalítico: tenía que sacar lo que debía salir, sin impor­tarme el género. Así nacieron estas canciones “desgenera­das”.

¿Cómo definís este disco?

Tengo la plena sensación de es­tar pariendo mi primer disco. Me presenta como autor y compo­sitor, además de intérprete. Por eso le tengo particular cariño y es el que me proyecta más firme­mente. Un trabajo de solista con banda –con la que labu­ro hace casi tres años y defendemos las can­ciones en vivo– dirigi­dos musicalmente por Carlos Filippo. Tal vez fruto de mi conven­cimiento de que los actos individuales no son revoluciona­rios. Asimismo, me desmarco del tango con la plena con­vicción de soltar amarras en las aguas de la música popular: Troilo, Yupan­qui, Spinetta, Charly, y por supuesto Piazzo­lla que –por suer­te como para tan­tos– fue la primera puerta de acceso al tango. Para mi gene­ración fue un desafío tomar un reper­torio supuestamente anacrónico e ir hasta el hueso.

¿Por qué le pusiste El Tiempo de los necios?

Es uno de mis dos temas más longevos (el resto es cosecha 2012/13). Lo escribí cuando te­nía 16 años. Creo que los eufe­mismos que entonces utilizaba como recursos pueden resul­tarme hasta anacrónicos. Pero el tiempo de los necios es una constante: cada tiempo tiene los suyos.

¿Cómo es tu método creativo?

Mi base es la constancia y la con­fianza en el trabajo, la persisten­cia en el estudio, buscar la exce­lencia, no la perfección. Creer en lo que uno hace más allá de los necios que te ponen palos y pie­dras en el camino.

¿Así llegaste a Richard Cole­man, que es el productor ar­tístico del disco?

Cuando escribí El tiempo…, en los 80, estaba muy de moda la novela La conju­ra de los necios, de John Kennedy Toole, y Fricción, la banda que lideraba Co­leman, representaba la van­guardia. El trabajo con él fue impresionante, por ser mi pri­mer gran referente en la músi­ca, cierra el círculo de sentirlo mi primer disco.

¿Qué heredaste artística­mente de tus padres?

En primer lugar los admiro por su plena convicción, constancia y rigurosa profesionalidad. De mi padre tengo, tal vez, ese andar cansino pero firme, su bajo per­fil. Mi madre se ocupa de todos los detalles mucho antes de que se abra el telón. Eso para mí es un gran aprendizaje y la defini­ción más acabada del artista. En cuanto a Ligia, somos hermanos de sangre. Musicalmente tran­sitamos caminos distintos, pero siempre supimos reencontrar­nos. Tenemos la complicidad de ir a vernos en cada show, y nos emociona mucho cantar juntos. Incluso, para su disco Oír de no­che grabé una versión de “Pe­queña” (de Maderna y Homero Espósito) que le hice, como tra­je a su medida, en tiempo de ja­zz-vals.

¿Buenos Aires sigue sonando a Piazzolla?

¡Claro! El movimiento musical de la ciudad, de arrebato te remite a él. Obviamente, hoy acompañado de otros ritmos, como el rock. Ese antagonismo dejó de existir.

¿Ya pensás en tu próximo CD?

Lo tengo en la cabeza. Ya estrené unos temas nuevos con la banda.

¿Con quién te gustaría cantar?

Respuesta tanguera, por la om­nipresencia de los muertos en el tango: con Rivero, Troilo. También con Sinatra, aunque creo que me quedaría mudo.

Por Norma Rossi.

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