La Nación | Alfredo Piro reinventa los temas que marcaron sus años de formación

El cantante de tango y de rock presenta mañana en el CAFF su nuevo álbum, en el que vuelve sobre composiciones de bandas de los años ochenta como Sumo, Virus, Los Redondos y La Sobrecarga, entre otras.

“Recuerdo los años 80 como una coyuntura vertiginosa. Sobre todo en la proyección de un pibe de catorce, quince años, como me pasó a mí. Un devenir explosivo del famoso destape posdictadura, una cultura libertaria. Todo estaba por descubrirse y todo parecía fantástico.”

Alfredo Piro acaba de editar un nuevo álbum, Canciones usadas, en donde revisita un puñado de canciones que marcaron su adolescencia, vivida en los vertiginosos años 80: “Una señal en el agua” (Don Cornelio y La Zona), “A veces llamo” (Fricción), “Pronta entrega” (Virus), “Ropa sucia” (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) y “Estallando desde el océano” (Sumo), entre otras.

Hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, este cantor que supo ser referente del rejuvenecimiento del tango en los albores del nuevo milenio, viaja a su pasado para rescatar su esencia rockera en un disco despojado y sanguíneo que presentará mañana, en el CAFF, Sánchez de Bustamante 772, a partir de las 21.

“Al mismo tiempo a finales de la década recuerdo un desencanto por todo lo que hasta ayer había prometido ser mejor -continúa-. El horror de descubrir un pasado reciente, pletórico de centros clandestinos, torturas, y un presente acuciante de inestabilidad económica. La música entonces era un refugio y era un festejo cultural. Era claramente una cultura de ruptura. No me interesaba en ese entonces prestarle demasiada atención al rock del 70. El presente de esas bandas en ese entonces era un futuro hacia donde mirar. Hasta el 85 en las tapas de la revista Cantarock estaban Piero, Silvio Rodríguez, Alejandro Lerner? Hubo una sensación real de no future en ese pospunk porteño. Recuerdo quedarme totalmente subyugado la primera vez que escuché «Condenado», de La Sobrecarga, en el disco Mentirse y creerse, que comenzaba con el discurso de Alfonsín en el levantamiento carapintada de Semana Santa. Había algo de ruptura cultural y un desencanto muy glam frente a todo lo que pasaba.”

-Como intérprete, ¿cuál es la diferencia que encontrás en este repertorio con uno de tango más tradicional?

-Si un pibe de 20 años hoy se pusiera a indagar sobre aquellas canciones, seguramente haría un revisionismo tan exhaustivo como nos pasó a los cantantes y músicos de “tango” que fuimos emergentes en los años 90. Diferencias hay estilísticamente, tal vez. Pero en mi caso no hay antagonismos porque nunca me planté sobre un repertorio “tradicional”, categóricamente hablando. Justamente en el tango lo más tradicional lo abordé de una manera para nada convencional.

-Después de un inicio más ligado al tango, ¿por qué cambiaste el rumbo en los últimos años y te afianzaste como “cantor de rock”, si es que el término existe?

-Cantor? a secas, que en tal caso es mi oficio. No fue cambiar de ropaje, más bien fue como agrandar el placard, ja ja? El rumbo es la música popular argentina. En tal caso, el punto de partida fue el rock a mis 16 años, armando pequeños proyectos, cantando en bares y espacios contraculturales como Caras más Caras, el Parakultural, la disco Halley. Creo que se trata de un recorrido, no de un cambio. Tanto el rock como el tango son dos culturas. Son prácticas vivenciales, no sólo géneros musicales. Amo el rock, consumo rock, compro discos de rock, libros, fotografías, muñecos de músicos de bandas, voy a recitales. No existen antagonismos entre uno y otro género. Ocurre que el tango tiene que ver con nuestra identidad. Hablo no sólo de mi propia identidad por raigambre familiar, sino de nuestra identidad como argentinos. El tango también a mí me permitió profesionalizarme, poder viajar por el mundo, cantar en festivales, en teatros maravillosos, en comedias musicales. Pero nunca me planté sobre una ortodoxia, ni tanguera ni mucho menos rockera. “Escucho un tango o un rock y presiento que soy yo”, cantaba Charly García por el año 1982.

-¿Qué creés que cambió en los 90 para que un joven como vos, que se crió en el rock de los 80, prefiera el tango como expresión primaria?

-Varias cosas. En primer lugar el que cambió indudablemente fui yo, adentrándome en la adultez a principio de los años 90. Agreguemos que si el contexto de época cambia, uno termina cambiando mucho más también. En los 90 se aburguesó todo. La convertibilidad hizo creer a más de uno que asistíamos a un Primer Mundo que era de cartón. Los referentes en el rock dejaron de generarme curiosidad. En lugar de proponer un riesgo artístico, se discutía qué banda era más genuina, original y “nacional”. Ahí se empezó a polemizar la cosa. Una gran cantidad de público creyó que podía ser parte del show asistiendo con bengalas y banderas a los conciertos y viendo a sus ídolos como iguales a ellos. Por otra parte, el tango significaba toda una cultura que no le correspondía a un pibe de 23 años. El tango te esperaba a los 40, dice la máxima popular. ¿Y por qué tengo que esperar a que el tango me tome por asalto a los 40 recién? Esa chatura musical en el rock masivo de los 90 puso en alerta mi instinto de búsqueda en otros espacios. Tomé el desafío no correspondido generacionalmente y me adentré en las aguas tangueras.

-¿Creés que la escena del nuevo tango de fines de los 90 es al tango lo que la de aquella escena de los 80 de Sumo, Redondos, Fricción, Don Cornelio es al rock?

-Efectivamente, lo contracultural, la resistencia cultural que implosionó en los 80 en el rock, en la segunda mitad de la década de los 90, se dio con el tango. Pero el contexto fue totalmente diferente y los espacios, en el caso de la generación de los 90 en el tango, fueron autogenerados por los propios artistas. Los músicos abrieron milongas, clubes, se autogestionaron sus giras. Mi generación tomó nota de aquella receta contracultural de los 80 para aplicarla varios años después. No esperar a que las cosas resulten dadas, ni por el Estado ni por un tercero. Lo que no existe, construirlo, y si no hay lugar para vos, tenés que crear entonces tu propio espacio.

-En los últimos años hubo varias agrupaciones que llevaron las letras del Indio Solari al tango. ¿Cuál es para vos el rockero más tanguero?

-Me llama la atención lo del Indio Solari, porque por ejemplo me resulta mucho más evidente y explícito el tango en Javier Martínez o en Moris y ni que hablar en Spinetta. Pero para el caso está muy bien que se dé y es muy saludable. El Indio Solari tiene una lírica muy rica, pero denotó cierta pereza en la búsqueda de algunos artistas al momento de abrevar en otras fuentes. A mí me resulta mucho más interesante cuando esos límites que vos señalás están un poco borroneados y categóricamente un artista no ancla en ningún género en particular, sino que él mismo es su propio género. Daniel Melingo tiene mucho de eso y es el que más me gusta. Nadie puede encasillarlo en una batea de rock o de tango. Incomodar, generar preguntas y sobre todo mostrar nuevos caminos. Eso es lo que hace un verdadero artista.

Por Sebastián Ramos. La Nación Espectáculos.
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La Nación | Aquellas grandes canciones del rock nacional reversionadas por Alfredo Piro

El tanguero más rockero de su generación lanza un disco con versiones de temas de Don Cornelio, Almendra, Fricción, Suéter y los Redonditos de Ricota, entre otros.

“Con el Chino Laborde de la Fernández Fierro siempre decíamos que en los ochenta, una década en la que el género estaba en la debacle, los tangos los escribieron grupos como Fricción, Fito Páez y Don Cornelio”, explicaba Alfredo Piro, criado en una casa de tangueros como Susana Rinaldi y Osvaldo Piro. En ese intercambio entre el tango y el rock, Piro se ubicó como un rebelde dentro del género. Su vínculo con el rock, sobre todo de los ochenta, estuvo presente a lo largo de su trayectoria y se hizo visible en el disco El tiempo de los necios (2014) producido artísticamente por Richard Coleman (Fricción, Los 7 Deflines, Soda Stereo). De alguna manera e músico rescata aquella estética oscura de bandas como Pequeña Orquesta Reincidentes que, también, se atrevieron a versionar himnos como “Raros peinados nuevos” de Charly García.

Con el flamante Canciones usadas, Alfredo Piro hace una revisión de su formación rockera y edita un álbum donde reversiona con potencia y originalidad acústica obras del dark criollo como “Una señal en el agua” de Don Cornelio y la Zona; “Pronta entrega” de Virus; “Estallando desde el océano” de Sumo o “Ropa sucia”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que trazan su visión sobre la época en la que salía escuchar bandas en su juventud. En el disco, Piro también rescata perlas del primer rock nacional cuando incursiona en nuevas versiones de “Ana no duerme” de Almendra y el himno “Porque hoy nací” de Manal. El lanzamiento de su nuevo disco coincide con el estreno del video de “Habitantes”, una exquisita versión del tema de Daniel Melero (Los Encargados), otro de sus héroes de los ochenta junto a Richard Coleman y Gustavo Cerati, a quien esta dedicado su nuevo disco.

Si bien Fabiana Cantilo había lanzado Inconsciente colectivo , un disco de versiones que tuvo una gran llegada en el público local, este trabajo se diferencia por la voz cavernosa de Piro, que le sigue dando un tinte oscuro, como un Nick Cave criollo, a esas canciones más ásperas que formaron los años posteriores a la primavera alfonsinista. Este es un disco que habla de la identidad de un artista de la nueva escena de tango que no tiene contradicciones cuando tiene que reversionar la banda de sonido de su adolescencia. “Hay una afinidad estética que termina uniendo mundos que parecen antagónicos. Estoy seguro de que si Nick Cave conociera a Zitarrosa, alucinaría. Para nosotros no hay rivalidad entre tango y rock, quizá porque venimos de una generación que asomó al tango en la segunda mitad de los noventa y que se crió escuchando mucho rock y los tangos lunfardos y prostibularios de Edmundo Rivero. Entonces no tenemos esa antinomia”, afirma.

Por Gabriel Plaza. La Nación Espectáculos.
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alfredopiro-lanacion-16-11-2016

Alfredo Piro presenta su nuevo disco Canciones usadas

En vivo: sábado 30 de julio, 21.30 horas, CAFF, Bustamante 772. Entradas $200 y $250 (con disco).

El cantante Alfredo Piro lanza su séptimo cd Canciones usadas (distribuye Ultrapop) integrado por personales versiones de nueve temas del rock nacional. Canciones usadas cuenta con Alfredo Piro en voz, guitarra acústica y producción ejecutiva; Carlos Filipo en guitarra criolla y dirección musical; Juan C. Marioni en guitarra eléctrica y Pelu Romero en percusión, ambient y producción artística. Los arreglos son de Piro y Filipo.

Dice Alfredo Piro: “Este disco habla más de mí que del rock argentino. Revisito este puñado de canciones de una manera despojada, sin mucho trabajo de post producción ni arreglos sofisticados. Podrían ser canciones en estado puro, antes de ser procesadas, capturadas con la misma impronta con la que se gestaron en un living. Yo las veo como un fresco de mi adolescencia. Lo particular es que a todos estos artistas (salvo Manal y Almendra, por razones generacionales) los vi en vivo. Siento que las canciones que llevás como insignia durante toda tu vida son aquellas que escuchaste entre tus 15 y 18 años. Estas canciones fueron bastante usadas y cantadas en mi adolescencia, revista “CantaRock” y “Toco & Canto” de por medio. Al revés de lo que se supone, el tango vino mucho después en mi vida: primero experimenté recitales de Soda en el Astros, Fricción en Caras Más Caras, Don Cornelio en Prix D´Ami, Spinetta en el Velódromo, Violadores en Cemento, Los Encargados en el Santa María, Virus en Obras, que dejaron una marca indeleble en mí. No hay una mirada nostálgica en este disco. Es un mirar para adentro más que un mirar para atrás”.

Las nueve canciones que componen Canciones usadas son: Ana no duerme (Luis Alberto Spinetta- Almendra); Habitantes (Daniel Melero); Una señal en el agua (Palo Pandolfo – Don Cornelio y La Zona); Porque hoy nací (Javier Martinez – Manal); Amanece en la ruta (Miguel Zabaleta – Sueter); A veces llamo (Richard Coleman – Fricción); Pronta entrega (Federico y Julio Moura – Virus); Ropa sucia (Carlos “Indio” Solari y Eduardo “Skay” Beilinson – Redonditos de Ricota); Estallando desde el océano (R. Pettinato, D. Arnedo, R. Mollo, G. Daffunchio y L. Prodan – Sumo), más Mercado Indio de Los Violadores que será subida a las plataformas digitales como corte luego del lanzamiento del disco. Este repertorio es el resultado de un trabajo en conjunto con Pelu Romero (productor de Kevin Johansen, Me Darás Mil Hijos, Falsos Profetas, entre otros).

Los arreglos musicales son de Piro junto a Carlos Filipo, con quien Alfredo viene trabajando hace muchos años. El disco fue grabado en el estudio de Pablo Nelken (Kenobi Estudios), ingeniero de sonido que ha trabajado con artistas de la talla de Soda Stereo, Violadores, Illya Kuryaki y los Utopians. Las fotografías son del mítico fotógrafo del rock argentino de los años ochenta, Carlos “Aspix” Giustino, y el mastering estuvo a cargo de Andrés Mayo. El primer corte del disco es “Habitantes” y su video fue realizado por Planetharia.

En la presentación del disco del sábado 30 de julio en el CAFF, Alfredo Piro (voz y guitarra electroacústica) estará acompañado por Carlos Filipo en guitarra y dirección musical; Juan C. Marioni en guitarras acústicas y eléctricas, Federico Ghazarossian en contrabajo y Gastón Carlos en percusión, y habrá artistas invitados.

BREVE BIO ALFREDO PIRO: nacido en Mar del Plata el 3 de marzo de 1973, es cantante con formación actoral. Han sido sus maestros de canto Oscar Ferrari, Jacqueline Sigaut, África De Retes y Susana Naidich. Estudió actuación con Luis Agustoni. Comenzó profesionalmente como cantante de tango y de música popular en el año 1996 junto a su madre, Susana Rinaldi en el Teatro Radio City de la ciudad de Mar del Plata. En Buenos Aires debutó en el Teatro Nacional Cervantes como cantante invitado de la Orquesta Nacional de Música Argentina, Juan de Dios Filiberto con dirección musical de su padre, Osvaldo Piro. Se forjó como cantante con el acompañamiento musical de Aníbal Arias, Hernán Reinaudo, Esteban Morgado, Bartolomé Palermo, Marcelo Sanjurjo, Carlos Filipo y Juan Esteban Cuacci. Fue cantante invitado de la Orquesta Nacional de Música Argentina, actuando en algunas de las salas más importantes del mundo como La Sorbona de París y el teatro Royal de Estocolmo. Protagonizó junto a Walter “Chino” Laborde y Javier “El Cardenal” Domínguez el espectáculo “Cantor de tangos”. Actuó junto a Guillermo Fernández y Florencia Peña en el musical “Romance del Romeo y la Julieta”. Protagonizó el musical “Entre putas y chorros” de Julián Centeya en el Teatro Moliere. La Orquesta del Maestro Leopoldo Federico, La Orquesta de Música Argentina, Juan de Dios Filiberto bajo la dirección de Atilio Stampone, la Orquesta del Tango de la ciudad de Buenos Aires con los maestros Raúl Garello y Carlos García, la Orquesta de música ciudadana de la ciudad de Córdoba con dirección del Maestro Osvaldo Piro, el Sexteto Mayor, La Chicana, Tangoloco y Altertango han sido algunas de las agrupaciones del tango que lo han convocado como cantante invitado. También ha cantado a dúo junto a Teresa Parodi, Ligia Piro, Richard Coleman, Horacio Molina, Dolores Solá, Lidia Borda, Rubén Juárez, Javier Calamaro, Palo Pandolfo, María Volonté y Ariel Ardit, entre otros. Fue convocado para cantar en la Feria internacional Expo Shanghai 2010 en China. En cine participó en la película “La cantante de tango” (Bélgica-Argentina) dirigida por Diego Martínez Vignatti y grabó el tema central de la película “Las chicas del tercero” de Maxi Pelosi, protagonizada por Betiana Blum y Lucrecia Capello. En televisión integró el staff del programa “Sarpando Tangos” de Canal 7. Fue convocado en diversas producciones discográficas, participando principalmente como artista invitado en los discos “Vientos del sur” de Elena Roger, “Buenosaurios” de Acho Estol, “De gitanos y tangueros” de Guillermo Fernández”, “Baby” de Ligia Piro, “En vivo en 36 Billares” de Esteban Morgado, “Los 70 de Gardel” de Bartolomé Palermo Trío y “Los cantantes” de la radio FM La 2×4 entre otros. En 2011 produjo artísticamente a Leopoldo Federico y Susana Rinaldi en el disco “Vos & yo” nominado a los Premios Grammy y ganador como mejor disco de Tango en los Premios Gardel. En el año 2012 realizó una gira de 37 días por Corea del Sur compartiendo escena con artistas destacados como Lidia Borda, Mavi Díaz, La Chicana y Bajofondo. En diciembre el diario Pagina 12 seleccionó su cd “Una vuelta más” como uno de los discos destacados del año. En el año 2015 fue invitado a participar como representante de la cultura argentina en la Feria Internacional Expo Milano. Hasta la actualidad lleva editados y producidos siete discos: “Bien debute” (1998); “Segundas intenciones” (2004), “…Oír de noche” (2007), “Guitarra Negra”; “Milongas de la A a la Z” (2010); “Una vuelta más” (2012); “El Tiempo de los Necios” (2014, del cual es intérprete y autor de todos los temas) y su última producción “Canciones Usadas” (2016).

Marta del Pino

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Diario Z | Alfredo Piro: “Siento que parí mi primer disco”.

El tiempo de los necios se acerca al rock, con canciones propias y producción de Richard Coleman.

Hijo de enormes ar­tistas –Osvaldo Piro y Susana Rinaldi–, el tanguero Alfre­do Piro va ya por su sexta pla­ca. Pero ésta se parece poco a las anteriores porque ahora Piro se acercó dicididamente al rock y al pop. “Durante muchísimos años, anclado con ambas pa­tas en el tango, tenía el prejui­cio que me provocaba el género: anacronismo de “¿a qué le escri­bo? ¿a las ligustrinas y madre­selvas?”, explica y sigue: “Has­ta que circustancialmente fuera del país me agarró un extraña­zo muy tanguero que, paradó­jicamente, me llevó a escribir. Sin guitarra, grababa las me­lodías en el celular, luego las transcribía y colocaba las síla­bas. Fue casi un ejercicio psi­coanalítico: tenía que sacar lo que debía salir, sin impor­tarme el género. Así nacieron estas canciones “desgenera­das”.

¿Cómo definís este disco?

Tengo la plena sensación de es­tar pariendo mi primer disco. Me presenta como autor y compo­sitor, además de intérprete. Por eso le tengo particular cariño y es el que me proyecta más firme­mente. Un trabajo de solista con banda –con la que labu­ro hace casi tres años y defendemos las can­ciones en vivo– dirigi­dos musicalmente por Carlos Filippo. Tal vez fruto de mi conven­cimiento de que los actos individuales no son revoluciona­rios. Asimismo, me desmarco del tango con la plena con­vicción de soltar amarras en las aguas de la música popular: Troilo, Yupan­qui, Spinetta, Charly, y por supuesto Piazzo­lla que –por suer­te como para tan­tos– fue la primera puerta de acceso al tango. Para mi gene­ración fue un desafío tomar un reper­torio supuestamente anacrónico e ir hasta el hueso.

¿Por qué le pusiste El Tiempo de los necios?

Es uno de mis dos temas más longevos (el resto es cosecha 2012/13). Lo escribí cuando te­nía 16 años. Creo que los eufe­mismos que entonces utilizaba como recursos pueden resul­tarme hasta anacrónicos. Pero el tiempo de los necios es una constante: cada tiempo tiene los suyos.

¿Cómo es tu método creativo?

Mi base es la constancia y la con­fianza en el trabajo, la persisten­cia en el estudio, buscar la exce­lencia, no la perfección. Creer en lo que uno hace más allá de los necios que te ponen palos y pie­dras en el camino.

¿Así llegaste a Richard Cole­man, que es el productor ar­tístico del disco?

Cuando escribí El tiempo…, en los 80, estaba muy de moda la novela La conju­ra de los necios, de John Kennedy Toole, y Fricción, la banda que lideraba Co­leman, representaba la van­guardia. El trabajo con él fue impresionante, por ser mi pri­mer gran referente en la músi­ca, cierra el círculo de sentirlo mi primer disco.

¿Qué heredaste artística­mente de tus padres?

En primer lugar los admiro por su plena convicción, constancia y rigurosa profesionalidad. De mi padre tengo, tal vez, ese andar cansino pero firme, su bajo per­fil. Mi madre se ocupa de todos los detalles mucho antes de que se abra el telón. Eso para mí es un gran aprendizaje y la defini­ción más acabada del artista. En cuanto a Ligia, somos hermanos de sangre. Musicalmente tran­sitamos caminos distintos, pero siempre supimos reencontrar­nos. Tenemos la complicidad de ir a vernos en cada show, y nos emociona mucho cantar juntos. Incluso, para su disco Oír de no­che grabé una versión de “Pe­queña” (de Maderna y Homero Espósito) que le hice, como tra­je a su medida, en tiempo de ja­zz-vals.

¿Buenos Aires sigue sonando a Piazzolla?

¡Claro! El movimiento musical de la ciudad, de arrebato te remite a él. Obviamente, hoy acompañado de otros ritmos, como el rock. Ese antagonismo dejó de existir.

¿Ya pensás en tu próximo CD?

Lo tengo en la cabeza. Ya estrené unos temas nuevos con la banda.

¿Con quién te gustaría cantar?

Respuesta tanguera, por la om­nipresencia de los muertos en el tango: con Rivero, Troilo. También con Sinatra, aunque creo que me quedaría mudo.

Por Norma Rossi.

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La Nación | El tanguero más rockero

Fanático de The Cure y Fricción, en su nuevo CD tiene a Richard Coleman como productor.

Corrían los últimos años de los ochenta y en un boliche del Abasto -donde la leyenda dice que hoy funciona el Club Atlético Fernández Fierro-, el cantor Alfredo Piro escuchaba por primera vez en vivo a Fricción. “Tenía quince años y a partir de ahí comenzó mi admiración por Coleman, que después se sostuvo con el tiempo incluso cuando empecé a incursionar en los caminos del tango”, devela este cantor. Ese concierto fue un hecho determinante, un impacto musical que comenzó a forjar su personalidad artística con la misma intensidad que la herencia tanguera que había recibido de sus padres Osvaldo Piro y Susana Rinaldi. “Con el Chino Laborde de la Fernández Fierro siempre decíamos que en los ochenta, una década en la que el género estaba en la debacle, los tangos los escribieron grupos como Fricción, Fito Páez y Don Cornelio”, explica Piro con ese link permanente entre tango y rock.

Ese Piro adolescente no sabía que el tiempo y el destino unirían su camino con el de su héroe dark y criollo, trazando un inesperado cruce entre su origen tanguero y la cultura del rock de los ochenta en su nuevo disco, El tiempo de los necios, que tiene como productor y colaborador a Richard Coleman, el emblemático líder de Fricción y Los 7 Delfines. “Para mí, esto es como el sueño del pibe. Siempre tuve una admiración profunda por todo lo que hizo Richard Coleman”, rubrica Piro con una impronta, un vestuario, una mirada y hasta un dejo en su vocabulario que recuerdan a los seguidores que fueron al primer concierto de The Cure en Ferro en 1987.

Extrañamente, fue el tango que unió los caminos de este discípulo dark con su maestro jedi del rock. “Nos terminamos conociendo por un amigo en común que tiene que ver con el tango. el guitarrista Hernán Reinaudo. Coleman vino a vernos cuando estaba presentando mi disco de tangos Oír de noche, donde tenía una versión de «Close to Me», de The Cure, en castellano. Después, cuando me invitaron a cantar con la Sinfónica de Canal 7, elegí una versión de «Sin plegaria» de Fricción, donde lo invité para hacer un dúo. Salió hermoso. Después Richard me invitó a cantar con su banda en la presentación de Siberia y ahí ya se armó el tuco. Era inexorable que toda esa comunión en conjunto no terminara en un disco”, relata Alfredo Piro, sobre la relación de amistad que terminó en este nuevo proyecto.

Lo curioso es que para Richard Coleman el tango no significa demasiado en su vida. Es más, se atreve a decir con la libertad que le dan sus años: “A mí el tango y el folklore no me gustan como géneros. Lo tengo asumido hace tiempo (risas). A mí me gustan las canciones y sé que hay algunas que las disfruto. Pero siempre que hay una música que está así arrinconada en un género a mí me descompone del estómago. Por eso tanta vuelta con el tema del dark, que es un título que a mí nunca me convenció. Hago rock porque para mí eso siempre fue un sinónimo de experimentación y libertad”, dice con honestidad brutal.

En cambio, su nuevo protegido artístico encuentra puntos de contacto entre la brumosa estética tanguera y la densidad atmósferica de artistas como Nick Cave, Tom Waits o Bauhaus, que formaron parte de su escuela musical. “Hay una afinidad estética que termina uniendo mundos que parecen antagónicos. Estoy seguro de que si Nick Cave conociera a Zitarrosa, alucinaría. Para nosotros no hay rivalidad entre tango y rock, quizá porque venimos de una generación que asomó al tango en la segunda mitad de los noventa y que se crió escuchando mucho rock y los tangos lunfardos y prostibularios de Edmundo Rivero. Entonces no tenemos esa antinomia.”

Lo que entusiasmó a Coleman en definitiva no fue tanto la estética y pose tanguera de Piro (ver recuadro), sino ese corpus de canciones nuevas sin etiquetas, esa voz con destellos de potente urbanidad y esa banda acústica con viejos colegas de época como Federico Ghazarossian (Don Cornelio) que buscaban otro rumbo. “Justamente lo que me interesó de esta producción fue que Afredo era de un palo diferente al mío. Ese desafío me resultó interesante. Fundamentalmente, la idea con Alfredo era salir del nicho de joven tanguero, cosa que me interesó remarcar bastante desde el concepto sonoro. Era como cambiarlo de batea sin alterar nada de lo que está haciendo. Aplicamos conceptos sonoros de productores que admiro como T-Bone Burnett, como pasar las guitarras acústicas por amplis y pedales de eléctricas, o distorsionar el contrabajo. Todas cosas que no son usuales para el concepto ortodoxo del tango”, reseña el músico, que conoció el rock de estadios a partir de su participación en Soda Stereo.

En su rol de productor, Coleman unió esos caminos que parecían separados por un género y terminaron confluyendo en El tiempo de los necios, donde Alfredo Piro se corre de los covers tangueros para inaugurar una etapa de canciones nuevas guiado por el espíritu de su mentor de la adolescencia. “No quise hacer un disco de rock sino hacer un disco de canciones nuevas, como cuando hice mis primeras armas de muy pibe donde cantaba nada más que mis temas -sostiene Piro-. Nunca tuve una banda de covers. Hacía temas propios con una estética a The Cure y Bauhaus. Después, cuando me profesionalicé como intérprete de tango, hubo un prurito tan enorme que sentía inhibida mi capacidad para sentarme a componer un tango, porque inmediatamente saltaba a la palestra la comparación con los grandes poetas muertos. Hay una cosa muy densa en el tango, esa muerte omnipresente que te gana por comparación. Por suerte, somos una generación que está empezando a romper con esa idea porque si te comparás con las cosas que escribieron Manzi, Expósito, o Cadícamo, no llegás ni a la esquina. Queremos nuestros propios clásicos.”

EL TIEMPO DE LOS DARKS

En su tercer disco, Alfredo Piro rubrica su constancia en la búsqueda de una voz propia y personal dentro de la escena urbana. La diferencia es que en este trabajo se abre del género que cultivan sus padres y construye su propio universo, formado por el rock de los ochenta que lo inspiró en su adolescencia. Tanto es así que título del disco El tiempo de los necios (lo presentará el 17 de mayo en el Matienzo) evoca una de sus primeras canciones, compuesta a los 16 años. El cantante se desmarca del tango como género para exorcizar definitivamente el peso de la historia y darle cuerpo a su propia expresión.

La participación de Richard Coleman, omnipresente desde el arte de tapa hasta el sonido integral del disco, calza perfecto con las nuevas doce canciones de Piro. En el sorpresivo ska “Domesticación social”, el dúo entre Piro y Coleman, no hace más que saldar una deuda generacional para crear uno de los grandes temas del disco. Otro de los tracks con destino de himno es “Heroinhumanos”, donde asoma cierta oscuridad ricotera.

El sonido acústico de la banda (inspirado en el proyecto de Robert Plant con The Sensational Space Shifters) es otra de las claves del álbum, Así el under del rock de los ochenta y el under del tango actual dialogan en un mismo territorio conceptual y le hablan a una nueva generación.

Por Gabriel Plaza.

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Presentación del nuevo disco: El tiempo de los necios

Los días sábado 5 y 12 de abril Alfredo Piro presentó su disco El tiempo de los necios, en UltraBar (editado por el sello UltraPop). Se contó con la presencia de Richard Colleman, quien fue el productor artístico, además de músico invitado del nuevo trabajo. Dirección musical del maestro Carlos Filippo.

Clarín | Canciones con plusvalía

En su nuevo álbum, el personal cantante se aleja del tango para aproximarse al rock.

“Siento que con El tiempo de los necios estoy cerrando un círculo”, dice Alfredo Piro en un bar de Almagro que le pone aire de tango a una charla que gira en torno al más rockero de sus discos, que presenta mañana y el 12, a las 21 horas, en Ultra Bar (San Martín 678).

El círculo es el que comenzó a trazar durante su adolescencia en lugares como el teatro Santa María, en La capilla, en Prix D’Ami, donde “bandas como Clap, Metrópolis o, más aún Fricción, con Richard Coleman a la cabeza” ejercían sobre el hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro lo que él mismo describe como una “influencia endovenosa”.

“Ahí empecé a hacer mis propios temas, que formaban parte de mis primeros proyectos, con los que llegué a tocar en el mítico bar Caras más caras”, recuerda. Y cuenta que la profesionalización le llegó como intérprete de tango.

Es en ese pasado algo encubierto bajo su faceta tanguera donde hay que buscar el origen de un disco que lo tiene por primera vez, a los 41 años, en el rol de autor de todos los temas, y que prefiere exhibir como una muestra de su evolución más que revolución.

“La cuestión es ensanchar un poco mi horizonte como cantante de música popular. Sería necio pretender desenmarcarme del tango; tanto como querer encorsetarme en el rock”, dice.

Quizá se pueda hablar de una inversión de proporciones.

Podría ser. Igual, hace unos días fui a una disquería a ver si estaba el disco, y lo encontré en la batea de tango. Y eso que está producido por un músico de rock como Coleman y que el sello se llama Ultra Pop. (Risas) ¿Tenés en cuenta eso en la previa del armado del disco?

No. Esas son cuestiones de mercado, con las que uno no puede especular.

En el tema “Algo”, decís “hoy disfracé mi voz en un disco de tangos”. Si no dijeras lo de la especulación, sonaría a que…

…este tipo es un impostor. (Risas) Algo así.

Para nada.

Algo
es una canción que escribí para mi hija, con la motivación que representaba para mí volver a ser padre, veinte años después de haberlo sido por primera vez. Fue una necesidad muy fuerte de cantar mis propias palabras y melodías. Por eso siento que este disco es la fotografía que mejor muestra dónde estoy parado musicalmente.

¿Cambia algo que sean tus propias canciones las que cantás?

Hay una plusvalía emocional. Pero también incide el contexto en el que a uno le toca cantar.

¿En quién pensaste al escribir sobre “los necios”?

En nadie en especial. La canción la escribí a los 16 años, y al rehacerla me impactó una frase que dice “éste es el tiempo de los necios, de los que ahogan su suerte en resentimiento”. Sobre todo porque hoy vivimos en una sociedad binaria en la que caprichosamente tenés que estar de un lado o del otro en una división muy imbécil. Al punto que me han dicho tanto que era un título muy ‘anti K’, como lo contrario. Cuando necios hay en todas partes.

Por Eduardo Slusarczuk

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Página 12 | Dark es Dark

MUSICA ¿Quién puede negar que Alfredo Piro nació en cuna de tango? Hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, hermano de Ligia, dueño de una trayectoria tanguera él también, ahora abrió un nuevo rumbo y convocó a Richard Coleman para grabar y producir El tiempo de los necios, un disco duro y directo que lo pone en la ruta del rock y también en el camino de regreso a los años de su banda Sagrado Corazón, cuando el joven gótico se debatía entre la tradición, la renovación del tango, la pasión por The Cure y el nihilismo.

La yerra vino de cuna: Alfredo Aníbal Piro, Alfredo por Gobbi y Aníbal por Troilo. A partir de ahí fue todo cuesta arriba o cuesta abajo, como el tango. La imagen siguiente puede ser la de una noche de pelos parados con gel y jabón, ojos con sombra, pilotín oscuro, en el Bijou du Paix de la calle Sánchez de Bustamante, viendo a la banda del momento: Fricción. Entre el cantor de saco y corbata hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, y el rocker gótico que surcó la década del ’80 buscando su destino, se desliza este Alfredo Piro modelo 2014: a los 41 años decidió apostar por la síntesis de ambos mundos, tal vez inconscientemente. Acaba de sacar un disco titulado El tiempo de los necios, con producción de Richard Coleman. Cabos atados, diván y rock and roll: el héroe de su adolescencia calibrando las obsesiones de la madurez. No parece azaroso que el arte de tapa sea la foto de un reloj antiguo y roto.

En su departamento de Belgrano, rodeado de fetiches, cuadros y libros de Kiss, Bowie, Beatles, Zitarrosa y Gardel, Alfredo Piro –felizmente en pareja desde hace 12 años, dos hijos, cuatro discos, dos sesiones de psicoanálisis por semana– se ríe fuerte y dice: “Lo que no puedo o no sé hacer deja de gustarme al instante. Así, no tengo conflictos”. Se refiere en un principio al fútbol, de que no le interesa, de una lesión que tuvo de chico que le impidió practicarlo, pero podría extenderse a otros temas. Esa incapacidad o torpeza física lo acercó muy temprano al rock. La primera vez que pagó para un concierto fue aquella de Fricción. Pero antes la casualidad lo depositó en el Astros para ver a Soda Stereo. “Un viernes estaba en la casa de mi vieja del Botánico, en Las Heras y Malabia. La tía de Gustavo Cerati era amiga de mamá y había quedado en pasar a buscar a mi hermana Ligia para llevarla al Astros. Todos nos olvidamos. Ligia ni siquiera estaba. Entonces mi vieja, para no quedar mal con la tía de Cerati, me enchufó a mí. Caí en la primera fila del teatro. Tendría 12 o 13 años. ¡Me voló la cabeza! El volumen, los pelos parados, la pilcha. Empecé a curtir la noche, a ver recitales. La escena post Malvinas fue gloriosa, había cantidad de bandas para ver. Paralelamente mi conducta en el secundario era… digamos errática.”

Alfredo Piro creció con sus padres separados. Y más: con su madre de gira en gira y poniéndoles el pecho a las balas del tango ortodoxo, la vieja guardia. “Sentí la ausencia marcada de mi vieja. Me crié en una casa de mujeres con mi hermana, mi abuela Angela, mi tía Inés que vivía al lado, Mecha, que era casi mi segunda abuela. De chiquito me mandaban al psicólogo. Cuando crecí le dije a mi mamá que quería vivir con papá. El había vuelto de Europa, una especie de autoexilio: cuando asumió Alfonsín no tenía laburo, nos llamó a Ligia y a mí, nos dijo que se iba por seis meses. Para poder viajar vendió los muebles, todo. Volvió a los dos años, en el ‘88. Ya tenía otra familia formada. Ahí me mudé con él. Yo estaba en plena revolución hormonal. Nunca me voy a olvidar que mi viejo me compró la primera guitarra eléctrica.”

Tuvo su banda dark, Sagrado Corazón, con la que llegó a compartir escenario con Los Siete Delfines y Pachuco Cadáver. Hoy Sagrado Corazón es una de las leyendas más ocultas de los envejecidos corazones new romantics. Andaba a los tumbos, iba a un colegio de curas: muchas veces llegaba con los ojos delineados y lo mandaban de vuelta a la casa. “No creía en la escuela. Era tan nihilista que ni creía en ser bachiller. No me recibí. Un día llamaron a mi vieja para preguntarle por qué hacía dos meses que no iba a clase… Mamá se enteró ahí.” Algunas mañanas rumbo al colegio, a las ocho de la mañana, lo encontraba a su padre en la tanguería que quedaba debajo de su casa. “Se quedaba escolaseando con Pepe Basso, y yo los saludaba. Así como digo una cosa, también debo decir de la enorme libertad que me daban mis padres. Nunca me objetaban cómo me vestía o cómo me peinaba. Mi vieja se enojaba por otras cosas, y cuando se enojaba te trataba de usted. Pero siempre tuvo la cabeza muy abierta. Yo con mis hijos soy diferente. Trato de estar presente y de poner ciertos límites. Tengo uno de 20, Ezequiel, que es mi mayor orgullo: trabaja, vive solo. Y después Victoria, de 3.”

¿Cuándo tuviste conciencia del peso de tus padres, y de tu anclaje con el tango?

–De grande, cuando empecé a cantar tango. Porque si bien mi cuna es tanguera, papá y mucho más mamá fueron parte de cierta resistencia. Yo no escuchaba “Caminito”. Yo escuchaba a mi viejo haciendo “Adiós Nonino” y a mi mamá haciendo Eladia Blázquez. Ahora son clásicos, pero en su momento fueron parte de la renovación. Pero mi música es el rock. Yo como intérprete de tango noté muchas cosas, entre ellas la fuerte presencia de la muerte. En el tango la muerte está en todos lados. Más allá de que como género lo vienen matando de 1915, vos empezás a cantar tango y competís, como digo yo, con Todos Tus Muertos. Y todos son mejores que vos, obvio: porque sí y porque están muertos. Yo con este disco me permito plasmar un lenguaje propio. Trato de suprimir la idea del género musical. No sé qué hago. Rock no es, pop me suena muy a Shakira… Son canciones. Tengo un mambo con las etiquetas. Nunca supe definirme.

YO NO SE QUE ME HAN HECHO TUS OJOS

¿Hay manera de definir esta etapa de Alfredo Piro? Un día antes, al teléfono, Richard Coleman contaba su relación con Piro y su música. “Nos conocemos desde hace años. Tenemos amigos comunes, como el guitarrista Hernán Reinaudo. Alfredo se acercó y me dijo que tenía entre manos un material de canciones propias, y que quería hacer un disco que para él era especial. Nos pusimos a trabajar. Yo lo que quise fue exprimir su costado urbano e incorporar la música que él escucha por una cuestión generacional, como Joy Division, Bauhaus, The Cure. Nos acercamos a una idea amplia, de música popular”.

¿Habías escuchado algo de él?

–Sí, lo había visto en vivo. Me gustaban las canciones, me parecía que tenían mucha originalidad. Algunas las acortamos un poco. Lo interesante es que todos los instrumentos son acústicos, aunque con distorsiones. En el estudio transgredimos técnicas de grabación. Utilizamos el estudio –y no cualquier estudio, el ION– como un instrumento más.

“Richard es muy capo –dice ahora Piro–. Compartimos una identificación cultural con una época del rock muy clara.” Va a presentar el disco los sábados 5 y 12 de abril en el bar Ultra y piensa recorrer diferentes pasajes de su trayectoria, como su versión fogonera del tango “Nada”, o la candombera de “Close to Me” de The Cure. “Y el disco completo, claro. Yo llevo cuatro años haciendo Guitarra negra, el show dedicado a la obra de Zitarrosa, mechando otros temas, como cositas de Acho Estol o de Altertango. Repertorio tengo.”

El tiempo de los necios es por momentos muy oscuro…

–Hay una especie de depresión sobrevolando el disco, ¿no? Las letras las construyo a partir de la música: el disparador siempre es la melodía. Hay partes muy punks, una especie de tango…, es como un muestrario de estados de ánimo.

¿Las canciones son nuevas o vienen de arrastre?

–Son actuales, fresquitas. Aunque algunas hayan tenido su germen hace mucho tiempo. Una, “Azul”, tiene una historia bochornosa. Mi vieja, cuando vio el tema, me dijo: “Ah, por tu padre”. Mi viejo tiene un tango que se llama “Azul noche”. Pero nada que ver. Hace muchísimos años, en la época en que yo vivía con mi viejo en San Telmo, me enamoré mal de una rubia. Una rubia darkie. Le escribí un poema apasionado, muy ridículo, ¡José Narosky clase B! El eje eran sus ojos azules, todo pasaba por sus ojos. Le dije por teléfono que le había escrito un poema, y nos citamos al día siguiente a las cinco de la tarde. Cuando la vi me di cuenta de que… tenía ojos verdes. Por eso en una parte la letra dice, jugando con las palabras y los colores: “Azul, no ver de más”.

LA VOZ DISFRAZADA EN UN TANGO

El tiempo de los necios tiene algo de disco debut. A pesar de que ya tiene una trayectoria de casi 20 años y un trajín de cantor que contempló desde la Orquesta Típica Imperial a la Filiberto, su condición de disco bisagra tal vez hizo que Piro tirara toda la carne al asador. Las letras tienen una pureza adolescente o punk. Frases como “Rata de día/ aire sobrador/ gato de compañía/ toda la noche” (“El rata estepario”), o “Mi unicornio se me perdió / si alguien lo ve que se lo lleve…” (“Domesticación social”) no ofrecen segundas lecturas. Una de las canciones más logradas es “Algo”, que abre el disco y que Piro le dedicó a su hija. La letra es casi un manifiesto de su presente: “Hoy disfracé mi voz en un disco de tangos /De algo que pasó /para colgarse atrás, llorando”.

Más allá de suponer que ésta es la verdadera voz de Piro, y no aquella sobria y por momentos pegada a Julio Sosa, lo cierto es que El tiempo de los necios expande su horizonte y los proyecta en otra escena. La banda la integran Carlos Filipo (guitarras y dirección musical), el ex Cornelio y actual Me Darás Mil Hijos y Acorazado Potemkin Federico Ghazarossian (contrabajo), Lisandro Etala (guitarra), Mariano Casabella (ukelele y mandolina) y Gastón Carlos (batería) y abunda en un sonido pop & rock que puede limitar con el huayno o la cumbia.

Alfredo Piro enciende un cigarrillo negro y dice que tiene muchas ganas de salir a tocar. Habla también de su pasión por el peronismo (“sin ser yo peronista”) y enumera todos los libros que leyó en los últimos años sobre la década del ’70. En las redes sociales manifiesta un enfático apoyo al Gobierno. “No compro el paquete cerrado. Hay cosas que no me gustan nada. Apoyo más que nada a Cristina, me parece una estadista estupenda. Nunca sentí algo así, de creer que la vida de la gente se cambia con más política. Me acuerdo la alegría cuando tenía 10 años de ir de la mano de mi vieja a acompañarla a votar en el ‘83, pero después caí en una profunda desilusión por la política y los políticos. Ahora recuperé la esperanza.”

Piro se queda pensando en el nihilista que fue. Entre el tango y el rock –mejor dicho, entre la cultura tango y la cultura rock– sigue buscando su destino. En un estante del living, un muñequito de Gene Simmons de Kiss le saca la lengua a un cuadro de Carlos Gardel.

Alfredo Piro presenta El tiempo de los necios en Ultrabar, San Martín 678, los sábados 5 y 12 de abril, a las 21. Entrada: $ 100.

Por Mariano del Mazo

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Ministerio de Cultura | Alfredo Piro se presenta en el Centro Federal de Detención de Mujeres de Ezeiza

Como parte del programa Arte en las Cárceles, la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación presenta al cantante Alfredo Piro en el Centro Federal de Detención de Mujeres – Unidad 31 – Ezeiza.

El espectáculo de Alfredo Piro, que tendrá lugar el viernes 14 de marzo, cerrará la muestra de trabajo del taller de guitarra, a cargo de Raúl Malosetti, compartida con los músicos y las internas que participan de la actividad.

cultura-13-03-2014

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