La Nación | El tanguero más rockero

Fanático de The Cure y Fricción, en su nuevo CD tiene a Richard Coleman como productor.

Corrían los últimos años de los ochenta y en un boliche del Abasto -donde la leyenda dice que hoy funciona el Club Atlético Fernández Fierro-, el cantor Alfredo Piro escuchaba por primera vez en vivo a Fricción. “Tenía quince años y a partir de ahí comenzó mi admiración por Coleman, que después se sostuvo con el tiempo incluso cuando empecé a incursionar en los caminos del tango”, devela este cantor. Ese concierto fue un hecho determinante, un impacto musical que comenzó a forjar su personalidad artística con la misma intensidad que la herencia tanguera que había recibido de sus padres Osvaldo Piro y Susana Rinaldi. “Con el Chino Laborde de la Fernández Fierro siempre decíamos que en los ochenta, una década en la que el género estaba en la debacle, los tangos los escribieron grupos como Fricción, Fito Páez y Don Cornelio”, explica Piro con ese link permanente entre tango y rock.

Ese Piro adolescente no sabía que el tiempo y el destino unirían su camino con el de su héroe dark y criollo, trazando un inesperado cruce entre su origen tanguero y la cultura del rock de los ochenta en su nuevo disco, El tiempo de los necios, que tiene como productor y colaborador a Richard Coleman, el emblemático líder de Fricción y Los 7 Delfines. “Para mí, esto es como el sueño del pibe. Siempre tuve una admiración profunda por todo lo que hizo Richard Coleman”, rubrica Piro con una impronta, un vestuario, una mirada y hasta un dejo en su vocabulario que recuerdan a los seguidores que fueron al primer concierto de The Cure en Ferro en 1987.

Extrañamente, fue el tango que unió los caminos de este discípulo dark con su maestro jedi del rock. “Nos terminamos conociendo por un amigo en común que tiene que ver con el tango. el guitarrista Hernán Reinaudo. Coleman vino a vernos cuando estaba presentando mi disco de tangos Oír de noche, donde tenía una versión de «Close to Me», de The Cure, en castellano. Después, cuando me invitaron a cantar con la Sinfónica de Canal 7, elegí una versión de «Sin plegaria» de Fricción, donde lo invité para hacer un dúo. Salió hermoso. Después Richard me invitó a cantar con su banda en la presentación de Siberia y ahí ya se armó el tuco. Era inexorable que toda esa comunión en conjunto no terminara en un disco”, relata Alfredo Piro, sobre la relación de amistad que terminó en este nuevo proyecto.

Lo curioso es que para Richard Coleman el tango no significa demasiado en su vida. Es más, se atreve a decir con la libertad que le dan sus años: “A mí el tango y el folklore no me gustan como géneros. Lo tengo asumido hace tiempo (risas). A mí me gustan las canciones y sé que hay algunas que las disfruto. Pero siempre que hay una música que está así arrinconada en un género a mí me descompone del estómago. Por eso tanta vuelta con el tema del dark, que es un título que a mí nunca me convenció. Hago rock porque para mí eso siempre fue un sinónimo de experimentación y libertad”, dice con honestidad brutal.

En cambio, su nuevo protegido artístico encuentra puntos de contacto entre la brumosa estética tanguera y la densidad atmósferica de artistas como Nick Cave, Tom Waits o Bauhaus, que formaron parte de su escuela musical. “Hay una afinidad estética que termina uniendo mundos que parecen antagónicos. Estoy seguro de que si Nick Cave conociera a Zitarrosa, alucinaría. Para nosotros no hay rivalidad entre tango y rock, quizá porque venimos de una generación que asomó al tango en la segunda mitad de los noventa y que se crió escuchando mucho rock y los tangos lunfardos y prostibularios de Edmundo Rivero. Entonces no tenemos esa antinomia.”

Lo que entusiasmó a Coleman en definitiva no fue tanto la estética y pose tanguera de Piro (ver recuadro), sino ese corpus de canciones nuevas sin etiquetas, esa voz con destellos de potente urbanidad y esa banda acústica con viejos colegas de época como Federico Ghazarossian (Don Cornelio) que buscaban otro rumbo. “Justamente lo que me interesó de esta producción fue que Afredo era de un palo diferente al mío. Ese desafío me resultó interesante. Fundamentalmente, la idea con Alfredo era salir del nicho de joven tanguero, cosa que me interesó remarcar bastante desde el concepto sonoro. Era como cambiarlo de batea sin alterar nada de lo que está haciendo. Aplicamos conceptos sonoros de productores que admiro como T-Bone Burnett, como pasar las guitarras acústicas por amplis y pedales de eléctricas, o distorsionar el contrabajo. Todas cosas que no son usuales para el concepto ortodoxo del tango”, reseña el músico, que conoció el rock de estadios a partir de su participación en Soda Stereo.

En su rol de productor, Coleman unió esos caminos que parecían separados por un género y terminaron confluyendo en El tiempo de los necios, donde Alfredo Piro se corre de los covers tangueros para inaugurar una etapa de canciones nuevas guiado por el espíritu de su mentor de la adolescencia. “No quise hacer un disco de rock sino hacer un disco de canciones nuevas, como cuando hice mis primeras armas de muy pibe donde cantaba nada más que mis temas -sostiene Piro-. Nunca tuve una banda de covers. Hacía temas propios con una estética a The Cure y Bauhaus. Después, cuando me profesionalicé como intérprete de tango, hubo un prurito tan enorme que sentía inhibida mi capacidad para sentarme a componer un tango, porque inmediatamente saltaba a la palestra la comparación con los grandes poetas muertos. Hay una cosa muy densa en el tango, esa muerte omnipresente que te gana por comparación. Por suerte, somos una generación que está empezando a romper con esa idea porque si te comparás con las cosas que escribieron Manzi, Expósito, o Cadícamo, no llegás ni a la esquina. Queremos nuestros propios clásicos.”

EL TIEMPO DE LOS DARKS

En su tercer disco, Alfredo Piro rubrica su constancia en la búsqueda de una voz propia y personal dentro de la escena urbana. La diferencia es que en este trabajo se abre del género que cultivan sus padres y construye su propio universo, formado por el rock de los ochenta que lo inspiró en su adolescencia. Tanto es así que título del disco El tiempo de los necios (lo presentará el 17 de mayo en el Matienzo) evoca una de sus primeras canciones, compuesta a los 16 años. El cantante se desmarca del tango como género para exorcizar definitivamente el peso de la historia y darle cuerpo a su propia expresión.

La participación de Richard Coleman, omnipresente desde el arte de tapa hasta el sonido integral del disco, calza perfecto con las nuevas doce canciones de Piro. En el sorpresivo ska “Domesticación social”, el dúo entre Piro y Coleman, no hace más que saldar una deuda generacional para crear uno de los grandes temas del disco. Otro de los tracks con destino de himno es “Heroinhumanos”, donde asoma cierta oscuridad ricotera.

El sonido acústico de la banda (inspirado en el proyecto de Robert Plant con The Sensational Space Shifters) es otra de las claves del álbum, Así el under del rock de los ochenta y el under del tango actual dialogan en un mismo territorio conceptual y le hablan a una nueva generación.

Por Gabriel Plaza.

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Presentación del nuevo disco: El tiempo de los necios

Los días sábado 5 y 12 de abril Alfredo Piro presentó su disco El tiempo de los necios, en UltraBar (editado por el sello UltraPop). Se contó con la presencia de Richard Colleman, quien fue el productor artístico, además de músico invitado del nuevo trabajo. Dirección musical del maestro Carlos Filippo.

Clarín | Canciones con plusvalía

En su nuevo álbum, el personal cantante se aleja del tango para aproximarse al rock.

“Siento que con El tiempo de los necios estoy cerrando un círculo”, dice Alfredo Piro en un bar de Almagro que le pone aire de tango a una charla que gira en torno al más rockero de sus discos, que presenta mañana y el 12, a las 21 horas, en Ultra Bar (San Martín 678).

El círculo es el que comenzó a trazar durante su adolescencia en lugares como el teatro Santa María, en La capilla, en Prix D’Ami, donde “bandas como Clap, Metrópolis o, más aún Fricción, con Richard Coleman a la cabeza” ejercían sobre el hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro lo que él mismo describe como una “influencia endovenosa”.

“Ahí empecé a hacer mis propios temas, que formaban parte de mis primeros proyectos, con los que llegué a tocar en el mítico bar Caras más caras”, recuerda. Y cuenta que la profesionalización le llegó como intérprete de tango.

Es en ese pasado algo encubierto bajo su faceta tanguera donde hay que buscar el origen de un disco que lo tiene por primera vez, a los 41 años, en el rol de autor de todos los temas, y que prefiere exhibir como una muestra de su evolución más que revolución.

“La cuestión es ensanchar un poco mi horizonte como cantante de música popular. Sería necio pretender desenmarcarme del tango; tanto como querer encorsetarme en el rock”, dice.

Quizá se pueda hablar de una inversión de proporciones.

Podría ser. Igual, hace unos días fui a una disquería a ver si estaba el disco, y lo encontré en la batea de tango. Y eso que está producido por un músico de rock como Coleman y que el sello se llama Ultra Pop. (Risas) ¿Tenés en cuenta eso en la previa del armado del disco?

No. Esas son cuestiones de mercado, con las que uno no puede especular.

En el tema “Algo”, decís “hoy disfracé mi voz en un disco de tangos”. Si no dijeras lo de la especulación, sonaría a que…

…este tipo es un impostor. (Risas) Algo así.

Para nada.

Algo
es una canción que escribí para mi hija, con la motivación que representaba para mí volver a ser padre, veinte años después de haberlo sido por primera vez. Fue una necesidad muy fuerte de cantar mis propias palabras y melodías. Por eso siento que este disco es la fotografía que mejor muestra dónde estoy parado musicalmente.

¿Cambia algo que sean tus propias canciones las que cantás?

Hay una plusvalía emocional. Pero también incide el contexto en el que a uno le toca cantar.

¿En quién pensaste al escribir sobre “los necios”?

En nadie en especial. La canción la escribí a los 16 años, y al rehacerla me impactó una frase que dice “éste es el tiempo de los necios, de los que ahogan su suerte en resentimiento”. Sobre todo porque hoy vivimos en una sociedad binaria en la que caprichosamente tenés que estar de un lado o del otro en una división muy imbécil. Al punto que me han dicho tanto que era un título muy ‘anti K’, como lo contrario. Cuando necios hay en todas partes.

Por Eduardo Slusarczuk

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Página 12 | Dark es Dark

MUSICA ¿Quién puede negar que Alfredo Piro nació en cuna de tango? Hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, hermano de Ligia, dueño de una trayectoria tanguera él también, ahora abrió un nuevo rumbo y convocó a Richard Coleman para grabar y producir El tiempo de los necios, un disco duro y directo que lo pone en la ruta del rock y también en el camino de regreso a los años de su banda Sagrado Corazón, cuando el joven gótico se debatía entre la tradición, la renovación del tango, la pasión por The Cure y el nihilismo.

La yerra vino de cuna: Alfredo Aníbal Piro, Alfredo por Gobbi y Aníbal por Troilo. A partir de ahí fue todo cuesta arriba o cuesta abajo, como el tango. La imagen siguiente puede ser la de una noche de pelos parados con gel y jabón, ojos con sombra, pilotín oscuro, en el Bijou du Paix de la calle Sánchez de Bustamante, viendo a la banda del momento: Fricción. Entre el cantor de saco y corbata hijo de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, y el rocker gótico que surcó la década del ’80 buscando su destino, se desliza este Alfredo Piro modelo 2014: a los 41 años decidió apostar por la síntesis de ambos mundos, tal vez inconscientemente. Acaba de sacar un disco titulado El tiempo de los necios, con producción de Richard Coleman. Cabos atados, diván y rock and roll: el héroe de su adolescencia calibrando las obsesiones de la madurez. No parece azaroso que el arte de tapa sea la foto de un reloj antiguo y roto.

En su departamento de Belgrano, rodeado de fetiches, cuadros y libros de Kiss, Bowie, Beatles, Zitarrosa y Gardel, Alfredo Piro –felizmente en pareja desde hace 12 años, dos hijos, cuatro discos, dos sesiones de psicoanálisis por semana– se ríe fuerte y dice: “Lo que no puedo o no sé hacer deja de gustarme al instante. Así, no tengo conflictos”. Se refiere en un principio al fútbol, de que no le interesa, de una lesión que tuvo de chico que le impidió practicarlo, pero podría extenderse a otros temas. Esa incapacidad o torpeza física lo acercó muy temprano al rock. La primera vez que pagó para un concierto fue aquella de Fricción. Pero antes la casualidad lo depositó en el Astros para ver a Soda Stereo. “Un viernes estaba en la casa de mi vieja del Botánico, en Las Heras y Malabia. La tía de Gustavo Cerati era amiga de mamá y había quedado en pasar a buscar a mi hermana Ligia para llevarla al Astros. Todos nos olvidamos. Ligia ni siquiera estaba. Entonces mi vieja, para no quedar mal con la tía de Cerati, me enchufó a mí. Caí en la primera fila del teatro. Tendría 12 o 13 años. ¡Me voló la cabeza! El volumen, los pelos parados, la pilcha. Empecé a curtir la noche, a ver recitales. La escena post Malvinas fue gloriosa, había cantidad de bandas para ver. Paralelamente mi conducta en el secundario era… digamos errática.”

Alfredo Piro creció con sus padres separados. Y más: con su madre de gira en gira y poniéndoles el pecho a las balas del tango ortodoxo, la vieja guardia. “Sentí la ausencia marcada de mi vieja. Me crié en una casa de mujeres con mi hermana, mi abuela Angela, mi tía Inés que vivía al lado, Mecha, que era casi mi segunda abuela. De chiquito me mandaban al psicólogo. Cuando crecí le dije a mi mamá que quería vivir con papá. El había vuelto de Europa, una especie de autoexilio: cuando asumió Alfonsín no tenía laburo, nos llamó a Ligia y a mí, nos dijo que se iba por seis meses. Para poder viajar vendió los muebles, todo. Volvió a los dos años, en el ‘88. Ya tenía otra familia formada. Ahí me mudé con él. Yo estaba en plena revolución hormonal. Nunca me voy a olvidar que mi viejo me compró la primera guitarra eléctrica.”

Tuvo su banda dark, Sagrado Corazón, con la que llegó a compartir escenario con Los Siete Delfines y Pachuco Cadáver. Hoy Sagrado Corazón es una de las leyendas más ocultas de los envejecidos corazones new romantics. Andaba a los tumbos, iba a un colegio de curas: muchas veces llegaba con los ojos delineados y lo mandaban de vuelta a la casa. “No creía en la escuela. Era tan nihilista que ni creía en ser bachiller. No me recibí. Un día llamaron a mi vieja para preguntarle por qué hacía dos meses que no iba a clase… Mamá se enteró ahí.” Algunas mañanas rumbo al colegio, a las ocho de la mañana, lo encontraba a su padre en la tanguería que quedaba debajo de su casa. “Se quedaba escolaseando con Pepe Basso, y yo los saludaba. Así como digo una cosa, también debo decir de la enorme libertad que me daban mis padres. Nunca me objetaban cómo me vestía o cómo me peinaba. Mi vieja se enojaba por otras cosas, y cuando se enojaba te trataba de usted. Pero siempre tuvo la cabeza muy abierta. Yo con mis hijos soy diferente. Trato de estar presente y de poner ciertos límites. Tengo uno de 20, Ezequiel, que es mi mayor orgullo: trabaja, vive solo. Y después Victoria, de 3.”

¿Cuándo tuviste conciencia del peso de tus padres, y de tu anclaje con el tango?

–De grande, cuando empecé a cantar tango. Porque si bien mi cuna es tanguera, papá y mucho más mamá fueron parte de cierta resistencia. Yo no escuchaba “Caminito”. Yo escuchaba a mi viejo haciendo “Adiós Nonino” y a mi mamá haciendo Eladia Blázquez. Ahora son clásicos, pero en su momento fueron parte de la renovación. Pero mi música es el rock. Yo como intérprete de tango noté muchas cosas, entre ellas la fuerte presencia de la muerte. En el tango la muerte está en todos lados. Más allá de que como género lo vienen matando de 1915, vos empezás a cantar tango y competís, como digo yo, con Todos Tus Muertos. Y todos son mejores que vos, obvio: porque sí y porque están muertos. Yo con este disco me permito plasmar un lenguaje propio. Trato de suprimir la idea del género musical. No sé qué hago. Rock no es, pop me suena muy a Shakira… Son canciones. Tengo un mambo con las etiquetas. Nunca supe definirme.

YO NO SE QUE ME HAN HECHO TUS OJOS

¿Hay manera de definir esta etapa de Alfredo Piro? Un día antes, al teléfono, Richard Coleman contaba su relación con Piro y su música. “Nos conocemos desde hace años. Tenemos amigos comunes, como el guitarrista Hernán Reinaudo. Alfredo se acercó y me dijo que tenía entre manos un material de canciones propias, y que quería hacer un disco que para él era especial. Nos pusimos a trabajar. Yo lo que quise fue exprimir su costado urbano e incorporar la música que él escucha por una cuestión generacional, como Joy Division, Bauhaus, The Cure. Nos acercamos a una idea amplia, de música popular”.

¿Habías escuchado algo de él?

–Sí, lo había visto en vivo. Me gustaban las canciones, me parecía que tenían mucha originalidad. Algunas las acortamos un poco. Lo interesante es que todos los instrumentos son acústicos, aunque con distorsiones. En el estudio transgredimos técnicas de grabación. Utilizamos el estudio –y no cualquier estudio, el ION– como un instrumento más.

“Richard es muy capo –dice ahora Piro–. Compartimos una identificación cultural con una época del rock muy clara.” Va a presentar el disco los sábados 5 y 12 de abril en el bar Ultra y piensa recorrer diferentes pasajes de su trayectoria, como su versión fogonera del tango “Nada”, o la candombera de “Close to Me” de The Cure. “Y el disco completo, claro. Yo llevo cuatro años haciendo Guitarra negra, el show dedicado a la obra de Zitarrosa, mechando otros temas, como cositas de Acho Estol o de Altertango. Repertorio tengo.”

El tiempo de los necios es por momentos muy oscuro…

–Hay una especie de depresión sobrevolando el disco, ¿no? Las letras las construyo a partir de la música: el disparador siempre es la melodía. Hay partes muy punks, una especie de tango…, es como un muestrario de estados de ánimo.

¿Las canciones son nuevas o vienen de arrastre?

–Son actuales, fresquitas. Aunque algunas hayan tenido su germen hace mucho tiempo. Una, “Azul”, tiene una historia bochornosa. Mi vieja, cuando vio el tema, me dijo: “Ah, por tu padre”. Mi viejo tiene un tango que se llama “Azul noche”. Pero nada que ver. Hace muchísimos años, en la época en que yo vivía con mi viejo en San Telmo, me enamoré mal de una rubia. Una rubia darkie. Le escribí un poema apasionado, muy ridículo, ¡José Narosky clase B! El eje eran sus ojos azules, todo pasaba por sus ojos. Le dije por teléfono que le había escrito un poema, y nos citamos al día siguiente a las cinco de la tarde. Cuando la vi me di cuenta de que… tenía ojos verdes. Por eso en una parte la letra dice, jugando con las palabras y los colores: “Azul, no ver de más”.

LA VOZ DISFRAZADA EN UN TANGO

El tiempo de los necios tiene algo de disco debut. A pesar de que ya tiene una trayectoria de casi 20 años y un trajín de cantor que contempló desde la Orquesta Típica Imperial a la Filiberto, su condición de disco bisagra tal vez hizo que Piro tirara toda la carne al asador. Las letras tienen una pureza adolescente o punk. Frases como “Rata de día/ aire sobrador/ gato de compañía/ toda la noche” (“El rata estepario”), o “Mi unicornio se me perdió / si alguien lo ve que se lo lleve…” (“Domesticación social”) no ofrecen segundas lecturas. Una de las canciones más logradas es “Algo”, que abre el disco y que Piro le dedicó a su hija. La letra es casi un manifiesto de su presente: “Hoy disfracé mi voz en un disco de tangos /De algo que pasó /para colgarse atrás, llorando”.

Más allá de suponer que ésta es la verdadera voz de Piro, y no aquella sobria y por momentos pegada a Julio Sosa, lo cierto es que El tiempo de los necios expande su horizonte y los proyecta en otra escena. La banda la integran Carlos Filipo (guitarras y dirección musical), el ex Cornelio y actual Me Darás Mil Hijos y Acorazado Potemkin Federico Ghazarossian (contrabajo), Lisandro Etala (guitarra), Mariano Casabella (ukelele y mandolina) y Gastón Carlos (batería) y abunda en un sonido pop & rock que puede limitar con el huayno o la cumbia.

Alfredo Piro enciende un cigarrillo negro y dice que tiene muchas ganas de salir a tocar. Habla también de su pasión por el peronismo (“sin ser yo peronista”) y enumera todos los libros que leyó en los últimos años sobre la década del ’70. En las redes sociales manifiesta un enfático apoyo al Gobierno. “No compro el paquete cerrado. Hay cosas que no me gustan nada. Apoyo más que nada a Cristina, me parece una estadista estupenda. Nunca sentí algo así, de creer que la vida de la gente se cambia con más política. Me acuerdo la alegría cuando tenía 10 años de ir de la mano de mi vieja a acompañarla a votar en el ‘83, pero después caí en una profunda desilusión por la política y los políticos. Ahora recuperé la esperanza.”

Piro se queda pensando en el nihilista que fue. Entre el tango y el rock –mejor dicho, entre la cultura tango y la cultura rock– sigue buscando su destino. En un estante del living, un muñequito de Gene Simmons de Kiss le saca la lengua a un cuadro de Carlos Gardel.

Alfredo Piro presenta El tiempo de los necios en Ultrabar, San Martín 678, los sábados 5 y 12 de abril, a las 21. Entrada: $ 100.

Por Mariano del Mazo

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Ministerio de Cultura | Alfredo Piro se presenta en el Centro Federal de Detención de Mujeres de Ezeiza

Como parte del programa Arte en las Cárceles, la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación presenta al cantante Alfredo Piro en el Centro Federal de Detención de Mujeres – Unidad 31 – Ezeiza.

El espectáculo de Alfredo Piro, que tendrá lugar el viernes 14 de marzo, cerrará la muestra de trabajo del taller de guitarra, a cargo de Raúl Malosetti, compartida con los músicos y las internas que participan de la actividad.

cultura-13-03-2014

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